El Poder de la Narrativa Sonora: Transportando al Oyente Sin Imágenes



Al realizar este ejercicio de narrativas sonoras, entendí cuán desafiante y enriquecedor puede ser transmitir emociones y recuerdos sin el apoyo de lo visual. Al hablar con mi "yo del pasado" sobre el impacto de libros como Crepúsculo y 50 Sombras de Grey, intenté recrear el momento usando solo mi voz, música de fondo y fragmentos de diálogo de estas películas. Según Guarinos, Ramírez-Alvarado y Martín-Pena (2023), trabajar sin palabras o visuales implica que cada elemento sonoro —efectos, música y pausas— debe cumplir una función narrativa clara, lo cual es complejo cuando estamos acostumbrados a depender de la palabra. En mi caso, logré que los diálogos coincidieran con lo que decía y que los sonidos complementaran la ambientación, lo que requiere pensar en el tono de cada sonido para comunicar bien las emociones.

Noté que el tono influye profundamente en cómo el oyente interpreta el mensaje. Así, cada sonido y cada pausa debían ser parte del relato, enriqueciendo la historia y permitiendo al oyente sentirse transportado al mundo que quería recrear. Además, el equilibrio de volumen fue todo un reto: necesitaba que los sonidos añadidos no sobrepasaran mi voz, lo cual exige sensibilidad y precisión técnica. Este ejercicio me demostró cómo el sonido puede transmitir una experiencia tan vívida como una imagen visual, si está bien manejado.

La teoría de Guarinos et al. sobre la "sordera funcional" me hizo reflexionar sobre nuestras limitaciones para crear historias solo con sonidos. Al depender de la palabra y la imagen, olvidamos que el sonido tiene el potencial de construir un universo completo. Por ejemplo, al usar los tonos y efectos de fondo, comprendí que el tono y el ritmo son esenciales: determinan cómo se interpreta el mensaje y qué emociones provoca. El tono de mi voz debía reflejar mis emociones y transportarme a mi yo del pasado, mientras la música de fondo debía complementar esas emociones sin resultar invasiva. Fue como construir un diálogo entre tiempos y emociones.

También descubrí que el volumen y la mezcla de sonidos exigen una precisión técnica difícil de alcanzar: cada sonido debía tener su propio espacio sin eclipsar mi voz. Como señala González-Conde (2017), los efectos y la música no son simples acompañamientos, sino elementos que pueden transformar la escena si se usan correctamente, representando emociones o ambientes que ayudan a narrar sin palabras. El silencio mismo se volvió un recurso potente, porque creaba una pausa en la que el oyente podía procesar la historia sin distracciones. Pero manejar estos recursos y lograr que todos coincidieran fue desafiante, porque se trataba de hacer tangible lo intangible, de transmitir una historia visualmente rica usando solo el oído.

Este ejercicio me enseñó que la narrativa sonora no es solo el “telón de fondo” de una historia, sino una herramienta activa que, si se emplea bien, puede construir una experiencia tan profunda como la visual. Aprender a manejar los matices del sonido, desde el tono y el volumen hasta la textura de cada efecto, me hizo replantear lo que significa crear una atmósfera. Es la posibilidad de hacer del oyente no solo un receptor, sino un participante que puede experimentar y sentir la historia tal y como yo la viví.

Este ejercicio me llevó a una conclusión poderosa: lo sonoro es tan crucial en la narrativa que, por eso mismo, se premian las grandes bandas sonoras en el cine y se valora tanto la música en otros medios. El sonido tiene el poder de transmitir emociones complejas, como el misterio, la tristeza, la alegría o el miedo, y de ambientar escenas de forma tan convincente que nuestro cerebro construye imágenes a partir de sonidos. Este efecto inmersivo es fundamental no solo en medios tradicionales, como el cine y la radio, sino también en plataformas digitales y redes sociales, donde el sonido es clave en contenido de TikTok, reels de Instagram, videos de YouTube o incluso en la narrativa de Spotify.

La radio, a pesar de la era visual en la que vivimos, sigue siendo un medio relevante porque explota esa capacidad del sonido para transportarnos. En un simple programa radial, nuestra mente visualiza mundos completos sin ver una sola imagen; el cerebro se sumerge en lo narrado con tal fuerza que casi “ve” lo que escucha. Este ejercicio, entonces, no solo me enseñó a apreciar el arte de la narrativa sonora, sino que me hizo comprender cómo lo auditivo sigue siendo un puente esencial hacia las emociones y la imaginación, permitiéndonos experimentar historias en toda su riqueza sin la necesidad de una pantalla.

Referencias:

  • Guarinos, V., Ramírez-Alvarado, M., & Martín-Pena, D. (2023). Ficción sonora y creatividad verbodependiente. Revista Latina de Comunicación Social, 81, 332-352. https://doi.org/10.4185/RLCS-2023-1949
  • González-Conde, J. (2017). El sonido de la imagen. La clave para seguir despiertos en la radio multimedia. Revista de la Asociación Española de Investigadores en Comunicación, 4(7), 68-76.



 

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